Capítulo 25. La caída del Rey.
—¡No puedes hacer eso! —gritó Adelaida, perdiendo la compostura—. ¡Quebrarás la empresa! ¡Las acciones se irán a cero!
—Exacto. Pero eso no es mi problema —dijo Liam, acercándose a ella—. Tú querías el control, abuela. Tienes el control de un barco que se hunde. Disfruta siendo la capitana del Titanic.
Adelaida tembló de rabia. Sabía que Liam no bromeaba. Estaba dispuesto a quemar su propio legado con tal de no dejarse humillar.
—Vámonos, Lucas —dijo Liam, dándose la vuelta.
Adelaida tembló de