No merece mi lástima. 3

Yo ya sentía los efectos de todo lo que tomé en aquella fiesta.

Bebida mezclada con unas cositas mágicas...

Estaba eufórica viendo a aquel hombre tan caliente a mi lado.

Las manos grandes de él sosteniendo el volante, las venas saltando... uh... tan sexy.

Incliné mi asiento hacia atrás, con una sonrisa entorpecida, llevé el dedo índice a los labios sintiendo la vibra pegar diferente.

Todo giraba... era... tan insano.

Lo miré entorpecida no solo de drogas, sino de placer, de lujuria.

Yo estaba yendo a quién sabe dónde con un extraño, caliente, maduro y extremadamente sexy.

¡Puta m****a!

—¿A dónde me estás llevando... a tu matadero?

Dije provocándolo.

Él quitó su mirada de la carretera, me miró con ojos oscuros.

—Tú tienes uno, ¿no? donde te tiras a todas las chicas que encuentras... que te dan entrada.

—Tú eres la primera.

Abrí una sonrisa cínica y me senté, aproximándome peligrosamente a él.

El olor rico y maderado que venía de él era sexy, excitante.

—Entonces, puedo hacer que sea inolvidable.

Él sonrió de lado. Una delicia de sonrisa.

No esperé su respuesta, bajé mi rostro llevando las manos a los pantalones de él, abriendo el cinturón.

—Chica...

El tono de su voz fue pura satisfacción disfrazada de reprensión. Ardiente.

Sonreí mirándolo desde abajo.

—Solo no nos mates y aprovecha.

Él gruñó junto a una sonrisa, abrí su cremallera y jalé el elástico de los calzoncillos bóxer, negros, hacia abajo.

El miembro de él saltó hacia afuera, casi golpeando mi rostro, lo toqué sintiendo mi boca salivar.

Había vellos oscuros, tan varonil... me gustaba bastante todo en ese tipo, o era solo el deseo consumiéndome siendo intensificado por las cositas que tomé.

Ah, qué más da...

Lo miré una última vez, su mano acarició mi cabello y empujó mi cabeza hacia abajo exigiendo que comenzara.

Abrí una sonrisa cínica y puse mi lengua hacia afuera deslizándola sobre su cabeza rosada.

—Argh...

Él gruñó alucinado, por el calor de mi lengua.

Me deslicé provocándolo, hasta tragarlo por completo y ver a aquel hombre tirar la cabeza hacia atrás maldiciendo, excitante.

—¡Porra! (Carajo)

Todo en mí se encendió, un fuego que me consumía y yo solo quería hacerlo delirar.

Su miembro golpeaba mi garganta de tan inmenso, la longitud daba una leve curva, las venas que saltaban lo dejaban aún más atractivo.

El pene más bonito que ya vi...

Él gruñía, y a mí mi gustaba mucho lo que oía.

Lo provoqué tanto, hasta hacerlo perder el control.

Su mano sostuvo mi cabeza con fuerza en una de mis succiones.

—¡Quédate, carajo!

Su cadera se inclinó y él sostuvo mi cabeza mientras se follaba mi boca haciéndome sentir profundo en mi garganta.

Hasta que tuve arcadas.

—Aghr...

Retiré la boca buscando aire y él acarició mis cabellos llevándolos hacia atrás.

Volví a succionarlo hasta sentir el líquido de antes de eyacular salado en mi lengua.

Lo estimulé con las manos mientras lo provocaba con los ojos y gemidos que saltaban de mi boca.

—¡Eso... chica atrevida!

Su mano agarró mi mentón jalándolo contra su boca, él mordió mi labio tan feroz, tan salvaje que me dejó alucinada, alejó mi rostro con brutalidad.

—Voy a eyacular en esa tu boquita traviesa.

No tuve tiempo de raciocinio, él llevó mi rostro de nuevo a su miembro, lo metí en la boca y él la folló, tan profundo que sentí el líquido bajar directo por ella mientras él gruñía animal.

—Argth...

Él fue reduciendo el ritmo hasta liberar mi boca.

Me alejé limpiando la comisura de la boca y el ojo que lagrimeó con la intensidad.

Me arrojé de nuevo en el asiento del auto con una sonrisa satisfecha, cerrando los ojos, sintiendo todo girar, hasta que sentí su mano apretar mis muslos, jadeé contorsionándome, mi vagina que pulsaba, implorando por ser tocada por aquel hombre insano.

Su mano subió, entrando por mi vestido, tocando las bragas ya empapadas.

El silencio pesado, cargado solo por nuestras respiraciones, él jaló mis bragas de lado y deslizó los dedos por mi lubricación, haciendo círculos en mi clítoris ya hinchado.

Oír los gruñidos de él de excitación era la canción de mi placer, mi cadera comenzó a contorsionarse, feeling el ansia del alivio, aquella presión horrible mientras intentaba contener los gemidos que querían rasgar mi garganta.

—No seas perversa, suelta esa m****a, quiero oírte.

Abrí los ojos mirando a aquel hombre loco consumirme. Los movimientos se volvieron más exigentes, la presión aumentó y yo no conseguí contener mi cuerpo que temblaba, y los gemidos que fueron soltados sin pudor.

Rasgando mi gola cuando el orgasmo me acertó.

Tan fuerte, tan asustador.

Sentí el líquido caliente salir por mí, haciéndome mirar rápido hacia el medio de las piernas.

¿Mierda? ¿me oriné?

Miré hacia él rápido, que quitó sus dedos de mí y los llevó a la nariz, mi corazón aceleró como una bala.

Él luego los llevó al labio succionando parte con su lengua.

¡Qué infierno! Yo quemaba...

¿Por qué aquello era tan excitante? ¿qué droga de hombre era aquel?

Él no dijo una única palabra, y yo ya comenzaba a dudar, si estaba realmente cometiendo acciones correctas.

....

No tardó para que su auto parara y él me arrancara de allá, entrando en un ascensor de un edificio cualquiera, y me acorralara en la estructura gélida del ascensor.

—Ahh..

Gemí ansiosa y él tomó mi boca codicioso, besos mojados, mordidos, ágiles.

Lo alejé, con las manos abiertas en su pecho, mirando a aquel hombre salvaje, insano.

—Espera..

Dije incierta, porque parecía que estaba entrando en algo de lo que no conseguiría escapar.

—¿Te vas a echar para atrás ahora?

Dividí el suspiro.

—¿No querías hacer que el bastardo de tu novio pagara? Él se lo merece, ¿no se lo merece?

Asentí que sí sintiendo el odio quemarme de nuevo y entonces me arrojé a los brazos de aquel hombre desconocido, perverso y pecaminoso.

Tomando la boca de él con más codicia de lo que un día jamás hice.

Sus manos grandes se abrieron en mi trasero agarrándome y haciendo mi cuerpo saltar sobre el suyo.

El ascensor abrió y él me sacó de allá, llevándome hacia una puerta...

...

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