Mateo Acosta
Sofia se retira con una sonrisa fingida en la cara, pero los ojos rojos de ella la delatan esta molesta, y no me importa en lo absoluto, él no cedía ante nadie, le dijo que debía esperar y debía hacerlo.
Seguramente su virilidad no funciono por la tensión a la que estaba sintiendo en este momento por refrenar y desatender sus necesidades sexuales básicas.
Sin embargo Sofia logro sacarle una promesa, mañana ella iría de mi brazo a la presentación de Marie, y además, se iría en la n