CAPÍTULO 60. MOTIVOS PARA PELEAR

Sam se acercó, silenciosa como un fantasma y le quitó el teléfono para ponerlo a un lado. En los últimos días Guido lo había tenido tan pegado a la mano que a veces parecía más una extensión de su brazo que un cachivache electrónico. Había estado ocupándose de la seguridad de las villas, los sistemas de alarmas y todo lo que se necesitara, y Sam podía verlo caer dormido -cuando consegu&iac

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