Don Salvatore fijó sus ojos en mí, una mezcla de decepción y frustración estampada en su rostro. Afirmó que solo había ido a la Toscana con un único propósito: convertirme en la próxima señora Nicaso. La declaración de Don Salvatore reveló una verdad que me dejó sin palabras.
"Esto no puede ser real", pensé, sintiendo una sensación de prisión que sofocaba mis sueños y esperanzas. "No vine hasta aquí por ese motivo." Mis palabras brotaron de mi garganta, una mezcla de incredulidad y desafío. "No