El sol dorado se sumergía en el horizonte, tiñendo el cielo con matices cálidos mientras Dante y yo esperábamos afuera de la oficina. El suave aroma de las viñas y los olivares contrastaba con la tensión palpable entre nosotros, una tensión que solo se intensificaba a medida que nos acercábamos a ese encuentro con Don Salvatore.
"Esto no debería haber sucedido, Dante", murmuré, apartando la mirada hacia el suelo, un peso creciente en el pecho. "Don Salvatore no debería habernos atrapado juntos