Siento la tensión en el aire cuando me giro al escuchar esa voz llamándome por mi antiguo apodo, "Bambi". Han pasado quince años desde que alguien me llamó así. Y ahí está él, Massimo Mancuso, sonriendo como si el tiempo no hubiera pasado, como si todo estuviera igual. Como si ese lapso de tiempo entre nosotros no hubiera significado nada.
"Massimo", respondo, aún atónita, tratando de procesar por qué está aquí. "¿Qué estás haciendo aquí?"
Él sonríe, una expresión que me hace recordar los tiemp