La situación se desenvolvía como una pesadilla surrealista, mi pasado y presente chocando de manera inesperada. Luca me conducía, aun con una bolsa negra sobre la cabeza, hacia el automóvil de mis hermanos adoptivos. Matteo ayudaba a Massimo, que, tambaleándose aún, se recuperaba del enfrentamiento en el estacionamiento.
"Luca, ¿por qué diablos la bolsa negra? Conozco Nueva York mejor que ustedes", protesté, tratando de entender la necesidad de la bolsa en la cabeza.
"No es para que no veas, es