La noche caía suavemente sobre la Villa de la familia Mancuso, en la Toscana, cuando Michele y yo regresamos después de nuestro paseo por la isla. Las luces suaves alrededor de la propiedad creaban una atmósfera acogedora, pero una tensión silenciosa flotaba entre nosotros.
El coche se detuvo frente a la imponente entrada, y Michele, siempre caballero, abrió la puerta para mí. Ofreció una cálida sonrisa, y yo le correspondí, agradeciéndole por el paseo. "Espero que hayas disfrutado del día, Cat