Afuera la lluvia caía sin parar. Emma trataba de mirar a través del vidrio empañado de la ventanilla; miraba hacia los lados, pensativa. La niña tenía los cabellos lacio, cortos y desparejos; cortados a la tijera a la buena de Dios por manos que de peluquería seguramente sabían un monton; su blusita rosa con hilachas, su carita manchada con imagen somnolienta.
–– ¿A dónde van los perros que no tienen casa en los días lluviosos?
–– No tienen a donde ir.
–– ¿y Cómo se protegen de la lluvia?.
–– S