Antes de regresar a casa habíamos acordado pasar a la biblioteca, tuvimos que caminar unas cuadras más para poder llegar y sin embargo para nuestra sorpresa, ya se encontraba cerrada.
— No puede ser que ya esté cerrada si a penas son las 3:25 de la tarde — Comenté —.
Emma golpeó la puerta con la esperanza de que el vigilante abriera. Por curiosidad ambas miramos a través del vidrio para averiguar si había alguien.
— ¿Qué están haciendo ustedes dos? — Dijó un oficial de policía —. Está prohibid