― Tomate tu tiempo, piénsatelo bien, Leah, no quiero que te precipites. Quiero que estés completamente segura. Yo sé que no te gustan los niños desde aquel entonces, pero no debes cerrarte a la belleza de compartir con ellos. ― Me decía Madison, sentada en la esquina de la cama.
Sacudí la cabeza y tape mis oídos fingiendo que no escuche nada de lo que me dijo.
― Puedes hacer un mínimo esfuerzo por entenderme. No me obligues a tener que convivir con una mocosa que no conozco, que no tengo ningún