La cabeza del rey Ares daba vueltas mientras seguía a Leo hasta la habitación. Ni siquiera necesitaba entrar, porque ya podía percibir su feromona. Su corazón latía con más fuerza a medida que se acercaban a la puerta.
Una masa de histeria estaba arrasando sus sentidos, haciendo llover peligro a su alrededor. Estaba prácticamente tarareando con nervios eléctricos.
Beta Leo puso su mano en la manilla de la puerta.
—Me gustaría hablar con ella a solas. —El sonido de su voz destrozó la atmósfera.