Finalmente llegó el momento de que Helena se fuera. No había elegido un sirviente como el rey Ares le había ordenado y no le importaba hacerlo.
Lo que quería en ese momento era dejar esa manada y no volver nunca más, porque el rey Ares estaba demostrando ser una espina clavada en su carne. Un hueso atrapado en su garganta que no podía tragar.
Lo único que tenía era el vínculo de pareja, no podía rechazarlo, ni ella, ni el a ella porque eso podría matar a su cachorro. El dolo sería demasiado fue