—Tienes un deseo de morir, ¿no? —preguntó Beta Leo, frunciendo el ceño, en el momento en que Tatiana entró a su habitación.
—Por favor. Ya recibí suficientes regaños del rey, no le eches sal a mis heridas —dijo ella, estaba frente a él, frunciendo el ceño. Él sonrió, lo que sólo la molestó más—. Nada es gracioso.
—La expresión de tu cara es divertida, amor. Te ves completamente enojada y linda —dijo y le plantó un pequeño beso en las mejillas y trató de retirarse, pero ella lo detuvo.
—Estoy ca