Cuando Tatiana llegó a el ala del Beta, fue directamente a su habitación donde lo encontró, con una copa de vino en la mesa y dos copas vacías.
—Hmmm... puedo ver que alguien me ha estado esperando.
Leo sonrió y procedió a servir vino en ambas copas.
Tatiana se sentó a su lado en el sofá y cruzó la pierna izquierda sobre la derecha, asegurándose de exponer sus muslos para que él pudiera verlos.
—¿De dónde a esta hora de la noche?
—Te lo diré, pero no ahora. —Él le entregó una copa de vino y amb