—Consígueme una chica del burdel. Necesito que alguien le enseñe a Helen cómo satisfacerme en la cama —inmediatamente cambió de tema y se dirigió a su bar de vinos donde sacó una botella de vino y un vaso.
Tatiana corrió hacia él.
—¿¡No soy suficiente!? —ella preguntó de la nada.
El rey se sirvió un trago de vino, lo tomó de un solo golpe, golpeó el vaso sobre la mesa antes de volverse para mirarla con ojos llameantes.
—¿¡Qué!? —preguntó, mirándola con enojó.
—¿¡No soy suficiente!? —repitió Ta