—Quienesquiera que fueron, no querían matarte —razona alfa Ace.
Sostiene las bolsas de galletas de avena en sus manos y entrecierra los ojos para ver los restos de comida destrozados y vandalizados que hay dentro. Ambos sé sentaron en cada extremo de su cama. Las puertas están cerradas y las cortinas, corridas. Hay dos guardias apostados fuera de la puerta, ya qué alfa Ace no iba a correr ningún riesgo.
Ace todavía está sudado por haber corrido desde el campo de batalla hasta el castillo.
Soray