En cuanto Valeria salió de la oficina, Damon soltó una carcajada. Se rió tanto que se le puso la cara roja. Xavier frunció el ceño. La risa de Damon cesó y tuvo la oportunidad de hablar.
—¿Sabes qué? Tiene razón. —No puedes tenerlo todo, hijo —le aconsejó Damon. Xavier se encogió de hombros—. Lo admito, me atrae un poco.
—Quizás de una forma que no he sentido con ninguna otra mujer, pero es solo una simple atracción. Sé que este sentimiento desaparecerá cuando me acueste con ella.
—¿Y si no des