Cap.
Su mano era pequeña, suave, um contraste absurdo con la dureza de mi cuerpo.
Cuando sus dedos rodearon mi miembro, un escalofrío violento me subió por la espalda, poniéndome cada pelo del cuerpo de punta.
Una sensación maravillosa, arrolladora, se adueñó de mí.
Empezó a explorar con la yema de los dedos, tanteando, aprendiendo el relieve, la textura, el calor.
Era una caricia inocente y, al mismo tiempo, increíblemente erótica. Me quedé inmóvil, con miedo de que cualquier movimiento rompiera el