Cap.63

Nos abrazamos fuerte y, por un minuto largo, solo sentí su olor, el tejido basto de la ropa de la cárcel y el alivio de estar con alguien que me quería sin condiciones.

— ¿Cómo estás? —pregunté, sentándome y agarrándole las manos sobre la mesa.

— Estoy bien, Mari. Todo lo bien que se puede estar aquí dentro —respondió, examinándome la cara—. Pero, ¿y tú? Pareces cansada. ¿Estás comiendo bien?

Forcé una sonrisa.

— Sí, papá. Estoy trabajando, ¿te acuerdas? Pero, ¿y tú? ¿Te estás tomando la medica
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