Cap.45 - El alivio inicial dio paso a una incomodidad extraña, pero no del todo desagradable. Él estaba allí, sentado, y parecía que no iba a irse en breve.
Seguí comiendo, intentando parecer natural, pero sentía el peso de su mirada sobre mí entre bocado y bocado.
—Entonces, señorita. ¿A qué te dedicas? Además de salvar gente de ahogarse y hacer diagnósticos sobre relaciones fallidas.
La pregunta era ligera, pero directa. Levanté la vista del plato.
—Estoy estudiando Informática.— respondí, si