CALEB
Una vez que tengo a la bebé cómodamente acostada en mis brazos, suspiro y algunas personas se giran a mirarme en el aparcamiento del hospital.
Cierro la puerta del auto con mi trasero y recuerdo que las llaves están en mi bolsillo, después llevarme un susto pensando que las había dejado dentro del auto.
Ante mí, el hospital en el que está mi hija nació, se alza orgulloso y regio, haciéndome pensar que realmente no sé cómo pueden crear unos monumentos tan gigantescos, edificios tan grandes