EL SECRETO DE LA HERMANASTRA 2
PUNTO DE VISTA DE LENA
Pasé todo el día siguiente con los nervios de punta, literalmente.
Cada vez que me movía en el asiento, mi clítoris palpitaba, recordándome la orden de Cass: «No toques». Obedecí, aunque me parecía una tortura. Al anochecer estaba hecha un desastre, con las bragas empapadas y los muslos apretándose con cada paso.
A las 9:58 me quedé frente a su puerta con solo una camiseta enorme y bragas de algodón. El corazón me latía tan fuerte que pensé