Al día siguiente, en la oficina, el ambiente era el de siempre. Marcos estaba en su despacho, superconcentrado en su curro, y Clara sentía que ya no había forma de acercarse. Intentó hablar con él varias veces, con la excusa de la novela, pero él la despachaba con respuestas secas y una mirada fría.
Clara estaba hecha un lío con lo que sentía. Por un lado, la actitud de Marcos la enfadaba, la hacía sentir rechazada. Por otro lado, lo mucho que sufría, lo vulnerable que había sido en Barcelona,