Los días pasaron y yo estaba más atenta a cada cosa que Paulina se llevaba a la boca, cada gesto que hacía, tenía que descubrirla, ella no podía salirse con la suya.
— Hola — Me saludo Paulina esa mañana mientras entraba a la cocina.
Yo le sonreí un poco, me metí a la boca un pedazo del sandwich que me había hecho, ella me quedo mirando y se puso pálida.
— ¿Estás bien? — Le pregunté.
Paulina salió corriendo de la cocina, yo fui tras ella, pero la muy perra cerró la puerta de la habitación, yo m