**AMARA**
La medianoche envolvió la mansión Sterling en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el golpeteo rítmico de las ramas de los robles contra el ala oeste. Me deslicé fuera de la cama, mis pies descalzos hundiéndose en la mullida alfombra persa. El camisón de seda color obsidiana resbalaba por mi piel como una caricia líquida. Tenía el pulso acelerado, una vibración eléctrica que me nacía en el centro del pecho y se extendía hasta la punta de los dedos.
“Cree que sus muros de