**AMARA**
“Si la ley suiza considera que un simple papel firmado por alguien que ya no está puede arrebatarme a mi hombre y entregárselo a otra mujer, entonces estamos ante una verdadera injusticia”.
El beso de Magnus sabía a hierro y a una furia contenida que me encendía la piel. No me amedrentó la ruda opresión con la que me sujetaba las muñecas; al contrario, me pegué más a su envergadura colosal, sintiendo el latido desbocado de su pecho contra el mío. Tenía al gigante de Glasgow acorralado