**AMARA**
El despacho de Magnus olía a caoba, whisky caro y la inminencia de una guerra no declarada. No bien crucé el umbral, él cerró la puerta de un golpe sordo y giró la cerradura. El eco metálico del pasador retumbó en la habitación como una trampa cerrándose sobre nosotros.
Se quitó el saco con un movimiento violento y lo arrojó sobre el sofá, dejándose la camisa ligeramente abierta en el cuello, donde la piel aún conservaba el calor del garaje.
—¿Te pareció muy divertido jugar con la cue