**AMARA**
No alcancé a dar tres pasos hacia la portezuela cuando una sombra gigantesca devoró la luz fluorescente del garaje. Un gruñido grave, sordo y vibrante rebotó contra el concreto helado.
—¿A dónde crees que vas sin tu dueño, fiera? —resonó la voz de Magnus, arrastrada por la aspereza del sueño reciente.
Me giré despacio, saboreando el latigazo de adrenalina que me recorrió la columna. Magnus estaba de pie junto al elevador, desnudo del torso para arriba, con el pantalón de vestir desabr