Entramos a la habitación.
— Huele raro, ¿lo sientes? —remarca, solo que yo no siento huela mal el lugar.
— No huelo nada, huele bien —niega acercándose con su ceño fruncido.
— Huele feo, tú en cambio —pega su nariz en mi cuello—, tú hueles delicioso —su nariz cosquillea en mi piel, se siente bien—. Adoro el perfume que usas, quiero que pegues tu piel a la mía así me queda tu olor para siempre —quiero eso.
La pego a mí y busco su boca para besarla.
Gime en mi boca y solo estoy besándola, ador