Mi nombre es Blair, y así es como su semen empezó a pagar mis facturas.
Estaba quebrada. De verdad quebrada. Fue hace un par de años, cuando tenía 25 y trabajaba turnos dobles en una cafetería de mierda en el centro. El alquiler siempre llegaba tarde, me cortaban el teléfono al menos una vez al mes, y comía fideos instantáneos tan seguido que empecé a soñar con ellos. Tenía deudas de la universidad, un auto que apenas funcionaba y ninguna familia a la que pedir ayuda. Me sentía atrapada, como s