James
Ella se restregó una vez contra mí y gemí en su boca.
—Joder, Riley…
Ella sonrió contra mis labios.
—¿Te gusta eso?
—Llevo años queriendo esto.
Ella se apartó lo justo para mirarme. Las mejillas sonrojadas.
—Yo también.
Deslicé mis manos por sus costados, mis pulgares rozando el borde de su top.
—¿Puedo?
Ella asintió rápido.
—Por favor.
Tiré de los cordones detrás de su cuello. El top cayó. Sus tetas eran perfectas… llenas, con los pezones oscuros ya duros por la brisa y por el deseo.