Riley
James me escribió que estaba en la ciudad. Hemos sido amigos desde que teníamos catorce años, cuando le di un puñetazo en la boca a un chico por reírse de su uniforme escolar demasiado grande. De eso hace once años. Ahora ambos tenemos veinticinco, seguimos estúpidamente unidos, seguimos terminando las frases del otro y fingiendo que la forma en que nos miramos no significa nada.
Vinimos a este pueblo de playa por tres días porque él dijo que necesitaba “aire salado para limpiar toda la