CAPITULO 241 Sí, quiero hijos.
La cama se hunde con el peso de Diego mientras se desliza bajo las sábanas a las 3:05 a. m. Instantáneamente, me acerco a él, pasando mi mano sobre su bíceps.
_ Lo siento, traté de estar de no hacer ruido_ susurra.
_ Está bien, estaba despierta. El trueno... _murmuro, usando la desagradable tormenta que se avecina como mi excusa.
De verdad, he estado tirada en la oscuridad, esperando a que Diego volviera de la oficina, donde Miles confirmó que había ido después de que terminara la recepción.