_ Esto va a hacer que las cosas se pongan raras entre nosotros.
Sus manos ásperas y callosas se deslizan por la parte posterior de mis muslos para aterrizar en mi trasero, apretando casi hasta el punto del dolor, pero no del todo.
_ No lo hará. Te prometo que no. No lo dejaré.
_ No puedes prometer eso.
_ Puedo. Quitarte la camisa.
_Ni siquiera me has besado todavía.
Su suspiro recorre la punta de mi clítoris.
_ ¿Quieres que te bese?
_ ¿No es así como debería empezar todo esto?
Se detiene