Cuando terminaron de desayunar, Avery levantó la mirada y se encontró una muy enojada de Charles.
—Señor Ferrer, ¿Puedo retirarme? Quiero lavar mis dientes y retocar mi maquillaje. — Charles se enojó tanto que golpeó la mesa.
—Es a mí que debes pedir permiso, eres mi mascota, te han comprado para mí — Charles inmediatamente se arrepintió de lo que dijo en cuánto sus palabras salieron de su boca y en especial al ver el dolor en los ojos de ella.
—Lo siento señor, pero mi dueño legítimo es el