GRACE
Apreté el trozo de tela ensangrentado en la mano, acercándolo a mi pecho, mientras deseaba que mis nervios se calmaran. No era el momento de entrar en pánico. Tenía que actuar con rapidez, el pánico podría llegar más tarde. Linden recibió la orden de no avisar a Silas sobre Sydney hasta que supiéramos con certeza que se había ido y que no había forma de encontrarla.
Nos adentramos más en el bosque, siguiendo no solo el olor de Sydney, sino también el espeso olor a sangre que permanecía e