Nos quedamos calladas por un largo tiempo, luego decidimos hacerles caso, cuando los vimos que ya regresaban, cada una se fue para su habitación y a mí me dieron ganas de comer uno de los panes hechos por Jabir con un vaso de yogur.
No encendí la luz, los escuché llegar, comí en silencio y rápido para que no me pillaran. Pero la conversación de los caballeros me hizo dejar de comer.
—Y tú que te traes Yaro con Salomé, ¿entraste a la moda?
—No jodas Jabir y no ha pasado nada.
—Creí que te habías