El cazador que era ahora también un lobo, estaba de rodillas mirando el cielo, con esperanza y temor en su corazón.
El miedo era grande, pero había algo mucho más grande latiendo en su corazón. Al mirarla, al ver el rostro de Lysa, tenía el coraje y la valentía creciendo en su interior. Porque sabía que por mucho miedo que tuviera, nada nunca los separaría.
—No. Ni siquiera si un rayo nos fulmina podrá separarnos. Ni si la tierra se parte en pedazos, o los volcanes erupcionan sin descanso. —Set