CAPITULO 29
Ezra Lennox
No me molesto en llamar a la puerta, ni siquiera hace falta que nadie me abra porque conozco muy bien a Tiffany y estoy seguro de que ella aún no ha cambiado la cerradura de su apartamento guardando la penosa esperanza de que yo algún día volviera.
Lo primero que noto al abrir la puerta es el fuerte e inconfundible olor de alguna droga y lo sé porque en su momento yo también use ese tipo de sustancias para sentirme un poco feliz. El lugar está hecho un completo desastre,