Aita hizo un pequeño gemido mientras las grandes manos del Duque le rozaban la sensible piel bajo la muñeca justo dónde le latía el pulso, un estante después la estaba sosteniendo por la punta de los dedos haciéndole sentir el calor y la presión a través de los guantes la miró a los ojos sosteniendo una sonrisa y le dijo
_ ¡Te queda muy bien.! Te quedan tan hermoso como esta noche que está cayendo. ¡Y supongo que a esta misma hora, tal vez justo ahora mismo tu amiga Dolores Ramsome la nieta sir