Entonces, existía la posibilidad de que su objetivo fuera venderla o incluso matarla. Solo pensar en todo eso le puso los pelos de punta y le rompió el corazón en pedacitos. No podía dejar de pensar en Laura y en su esposo, pero sobre todo en Coral y en lo que iba a vivir cuando ella se ausentara por más tiempo.
Por supuesto, se iba a sentir demasiado preocupada y iba a sufrir demasiado. Era algo que Elizabeth había evitado toda su vida, desde la muerte de sus progenitores. Lamentablemente, aho