Al despertar al día siguiente, Elizabeth recordó de inmediato la noche anterior y todos los recuerdos la llenaron de vergüenza y angustia. Sentía un nudo en la garganta y no sabía cómo iba a ser capaz de mirar a Tiziano a los ojos después de lo que había pasado entre ellos. Era un desafío y una complicación para ella. Al darse cuenta de que aún era temprano, su alivio fue enorme al ver que el reloj apenas marcaba las siete de la mañana. Revisó su teléfono de inmediato para ver si había a