A pesar de no tener dinero, Naomi poseía una elegancia innata. Su andar, sus gestos, su mirada y su voz le daban la apariencia de una distinguida dama de la alta sociedad.
Se acercó y se acomodó en una de las sillas que rodeaban la mesa.
—Obviamente, usted es la única interesada en este matrimonio. ¿Por qué? Sabe que mentí, que no hubo una violación. ¿Qué busca exactamente? ¿Por qué unir a su hijo a una simple empleada, habiendo tantas candidatas dispuestas a pertenecer a su familia?.
—Como mad