Derek se sentía completamente traicionado. Le molestaba que su propia familia no creyera en su inocencia. Se preguntó si su reputación era tan mala como para que tuvieran una idea tan equivocada de su persona.
Era una locura. ¿Encadenarse a una mujer que no conocía ni le interesaba, por un momento de placer? Era una condena sin juicio, una celda sin barrotes.
—Abuela, estamos en el siglo XXI. Esas costumbres no existen. Si me hubiera casado con todas las mujeres vírgenes que me he llevado a la