Iván Urriaga estaba sentado en una silla en su cuarto, con la mirada fija en su celular, cuando en la puerta se escucharon unos fuertes golpes.
Se levantó, sin entender por qué la persona afuera tocaba con tanta insistencia.
Vestía una playera de manga corta azul y unos shorts para estar en casa. Su ceño se frunció por lo molesto que resultaba el estruendoso golpeteo. Con firmeza quitó el seguro y abrió la puerta.
Lo primero que captaron sus ojos fue una mirada furiosa de su padre. Iván, sin co