―El señor no está aquí; de hecho, todos se han ido ―informó Ruby, la empleada, con el rostro marcado por la tristeza. Se imaginaba las peores posibles circunstancias: quizás Ariadna había tenido una fuerte discusión con su esposo, que escaló tanto hasta llegar a los golpes, y ahora se sentía desprotegida sin saber adónde ir.
―Gracias. Entonces volveré en otro momento… ―La joven Acosta estaba a punto de girarse, y en su mente pensaba en cómo les explicaría la situación de su futuro divorcio a su