Una punzada en el estómago llevó a Estela a pedirle a su esposo que llamara al doctor o la llevara al hospital de inmediato.
Iván Urriaga optó por la primera opción. La noticia que acababa de recibir lo dejó pálido y con la boca seca: su hijo mayor estaba encerrado tras las rejas, acusado de soborno a policías y disturbios en las calles.
—Voy a marcarle al abogado.
—¿Qué? Tienes que comunicarte primero con el doctor —le reclamó Estela, con la respiración entrecortada.
Urriaga le dijo con voz fi