Sus respiraciones entrecortadas se unían. Ariadna reprimía sus gemidos mientras Nathan la atraía hacia sí, sentado en el borde de la cama, con sus manos alrededor de la estrecha cintura de ella. Le quitó la blusa para besar sus senos, y la presión de su miembro contra la entrada de su mujer, incluso con su pantalón de vestir todavía puesto, le resultaba una tortura. Por más que quiso, no pudo soportarlo. Sostuvo las caderas de Ariadna y se levantó. Después quedó tumbado encima de ella sobre la